miércoles, 18 de febrero de 2009

Presentación Libro

Este día 20 de febrero, tendremos el gusto de aisitir a la presentación del libro "El Cuadro Inútil", de la escritora Esther Ángela Chávez Varela; quien obtuvo el primer lugar estatal en el certámen de cuentos José Agustín 2008.
La promotoría Cultura Aída Espino, continúa impulsando la cultura, así como la formación de nuevos escritores, felicitamos a Teté y agradecemos a Gustavo Martínez, Aída y la profesora Temis, en su importante labor en beneficio de nuestra gente.

El Cuadro Inútil

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EL CUADRO INÚTIL
Esther Ángela Chávez Varela

Cuando terminó el cuadro, contempló satisfecho su obra: era un hermoso paisaje. De pronto, el agua del riachuelo comenzó a correr. Azorado, le puso un dedo para contenerlo pero aunque se mojó no pudo porque el líquido no salía del cuadro, simplemente fluía en la pintura; imposible saber de dónde venía y a dónde iba.
Sorprendido, cubrió el lienzo con una manta pero tuvo que quitarla porque la tela se había empapado inmediatamente. Mientras decidía qué hacer, puso el caballete contra un rincón del estudio.
La gente va a creer que tengo pacto con el diablo, pensó, nadie debe ver mi pintura.
Después de mucho meditarlo llamó a su confesor y le pidió que bendijera el cuadro. El cura quedó asombradísimo pues el agua continuaba manando aún después de que él diera la bendición. "Hijo, no creo que esto sea obra del diablo, tal vez es una señal de que has sido bendecido".
El pintor llamó a sus amigos; ellos lo alentaron a presentar ante el público el cuadro asombroso pero él prefirió llevarlo a una prestigiada galería. El dueño lo urgió a convocar inmediatamente a una conferencia de prensa.
Señor Téllez: tenemos una verdadera mina de oro. Pediremos dos millones de dólares por su cuadro dijo, y al ver que Raúl no se alteraba agregó: Desde luego, iremos al cincuenta por ciento.
La presentación a la prensa fue un éxito, el artista y el cuadro fueron noticia en todos los diarios y en todos los noticieros. Los grandes museos se apresuraron a intentar comprarlo.
El Hermitage pagó sin reparos los dos millones y lo puso en exhibición a la brevedad: había que recuperar esa fortuna sin demora. El fantástico cuadro empezó a sorprender a la gente que iba de todo el mundo.
El autor se hizo muy rico. Y muy famoso. Tanto, que al poco tiempo el Cardenal Pontificio le pidió pintara en una pared de la catedral un paisaje de grandes dimensiones, con la esperanza de que también corriera el agua.
El artista dudó pero el prelado lo convenció diciéndole que si Dios había permitido el prodigio en un cuadro que terminó en un museo, sin duda lo haría con más razón tratándose de la catedral. El pintor accedió sin garantizar resultados.
Pero su gozo fue inmenso cuando terminó la obra y vio el agua correr por el paisaje. Miles de peregrinos fueron a ver el "Mural Milagroso", como lo llamaron.
A partir de ese momento no tuvo sosiego; en cada catedral le pedían, qué decir le pedían, le exigían que pintara ese paisaje so pena de excomunión. En cada galería las ofertas de dinero se duplicaron.
Harto de pintar siempre lo mismo, el artista se retiró a una hermosa casa de campo y ahí pintó febrilmente, plasmó todas las ideas que no había podido concretar. Miraba complacido los cuadros, sentía que por fin se realizaba como artista pero aún persistía un dolor, un impedimento para su plena satisfacción: así como antes tuvo que pintar siempre agua, ahora no podía llevar al lienzo ningún tema que la contuviera por miedo a que ésta corriera.
Con varios cuadros bajo el brazo anunció a los medios, su regreso a través de una galería prestigiada. Los medios lo informaron.
Llegó la noche de la inauguración. Empresarios, ejecutivos, políticos y altos prelados acudieron. La obra era un dechado de maestría y belleza, pero los asistentes, que esperaban adquirir cuadros en los que el agua corriera, se sintieron desilusionados. Bajo diversos pretextos abandonaron el lugar sin comprar uno solo.
A él no le importaba vender: necesitaba que su obra fuese apreciada. Empero la crítica profesional señaló sólo la ausencia de agua en sus cuadros y nada dijo acerca de su profundidad artística.
Desolado, olvidó la obra en una bodega y aceptó volver a pintar su paisaje para otra catedral. Varios jóvenes le pidieron que les diera clases de pintura. Accedió sólo para llenar su vacío pero fue inútil, los muchachos querían conocer la técnica para pintar agua real, que corriera como la de sus cuadros. Pero no pudo enseñárselas, él mismo desconocía el porqué del milagro.
Una tarde, enfermo y vacío miró en su paisaje el rostro anodino de su desgracia: se había convertido en algo similar a esa agua que fluía por cada lienzo, sin dar vida, sólo para exhibición y para ganar dinero.
Así que en su último cuadro hizo un estanque en el que
cuentan después de despedirse de sus amigos y de desnudarse, se insertó de un certero clavado.
Hoy, todo aquel que visita esos museos y esas catedrales evita mirar sus paisajes en los que, de vez en vez, se ve flotar su cadáver que luce una amplia sonrisa, bogar al ritmo de la corriente del alegre riachuelo que atraviesa la campiña.



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Bruja Curandera

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"Aún una vida feliz no es factible sin una medida de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido si no estuviera balanceada con la tristeza. Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad"

〜※Carl Jung※〜