domingo, 12 de diciembre de 2010

Tarde de invierno


Era una tarde de invierno como cualquier otra, a las seis la oscuridad comenzaba a cubrir la ciudad, apuró el paso al cruzar la explanada aunque sabía que tenía suficiente tiempo para su cita con el reloj checador, ese biométrico que tanta aprensión le provocaba, por no mencionar la repulsión de imaginar la cantidad de porquerías microscópicas que van quedando con tantas manos derechas que se posan durante los asqueantes turnos laborales, partidos en tantas fracciones de tiempo, que el propio autor de semejante disparate, y padre de la explotación de los necesitados trabajadores, no se atrevería a dejar sus huellas digitales en aquel hervidero insalubre, ‘maldito hijo de probeta’ –masculló- mientras el viento frío envolvía su acelerado paso.

Ya estamos, a ver… número de trabajador pip pip pip y ahora la mano… luz verde… hecho.

Lo que seguía no era menos agradable un galerón mal iluminado y sin ventilación que acogía a sabe dios cuantas almas intentando trabajar en aquel aire viciado cargado de humor humano, olor de comida, estornudos, toses, gases, que al mezclarse con el aroma de los limpiadores y desinfectantes de los baños que flanqueaban la entrada, semejaban en su imaginación a las cámaras de gas de la Segunda Guerra Mundial. No podía evitar sentir escalofrío al pasar por el lugar donde se sentaba la ahora difunta Laura, que causalmente era a dos espacios del más reciente de los decesos, otro trabajador que falleció de súbito hacía pocas semanas.

Aquella oficina era desagradable aunque menos tétrica a la luz del día, pero de noche, daba repelús a la par de otras sensaciones; ni hablar lo que hay que hacer para ganarse algunas perras y medio subsistir en un país tercermundista -pensó-. Al fondo, hasta llegar a la pared estaba su mesa, era una hazaña abrirse paso entre tantos ventiladores, finalmente llegó a su escritorio; casi en automático encendió su ordenador y se dispuso a hacer su trabajo. Sin prestar atención a lo que sucedía mas allá de su monitor de rayos catódicos, podía escuchar como poco a poco se incorporaban los habitantes de los demás escritorios, entonces cuando mas absorta se encontraba en sus tareas… sobrevino un apagón. Todo quedo tan oscuro que no podía ni mirar su propia mano, ¡ay no inventes!, -se dijo asimisma-, aguardó mientras su vista trataba de acostumbrarse a semejante ausencia de luz, instintivamente buscó su teléfono móvil, sabia que la pantalla era suficientemente luminosa como para poder dar paso y buscar la salida, pero fue inútil no logro descubrirlo dentro de su bolso, en la búsqueda pudo definir el monedero, los pañuelos desechables, la cigarrera, la cámara digital y una serie de objetos que le hicieron prometerse vaciar el bolso cuando llegara a casa, y depurar su contenido; pero lo cierto es que trataba de mantener su mente ocupada mientras intentaba explicarse que podía provocar aquel sutil roce en su pierna que le ponía los pelos de punta. De inmediato pensó en aquellos espacios vacíos de los compañeros muertos, y en las historias sobre haberlos visto algunas tardes convertidos en oscuras sombras que de vez en vez, caminaban entre los absortos empleados. Dio un manotazo pretendiendo dejar de sentir aquello en su pierna, instintivamente abrió su portátil y la pequeña pantalla de su mini lap dio una tímida luz a su entorno, miro rápidamente hacia su pierna, una sombra se desplazó debajo de su escritorio, ¡juraría que era una cabeza! ¡Ay dios mío y yo que estoy hasta el fondo de la oficina, ay ay ay! –Dijo en voz quebrada por el miedo-

A toda prisa recogió su material de trabajo y con la mini lap abierta comenzó a caminar hacia la salida, apenas podía ver el suelo, a cada paso escuchaba susurros sin lograr distinguir palabra alguna... pensó -¿de donde salen esos murmullos?- si ya todos han abandonado la oficina.

Intuyó que pasaba por el lugar donde los dos compañeros muertos solían sentarse y algo la hizo girar su cabeza y mirar, dos sombras se acercaron y un zumbido taladró su cerebro no pudo distinguir lo que aquellas bocas dijeron:

"¡feliz cumpleaños!"

Y las luces se encendieron, pero para ella era demasiado tarde, yacía en el suelo victima de un fulminante ataque al corazón… las sombras habían llegado antes que aquel pastel.

Ro

Clic


8 comentarios:

  1. ¡Eso sí que es una sorpresa! ;-)
    Menudo clima has sabido crear, Ro! No me extraña que el ataque al corazón haya hecho acto de presencia...¡Me ha encantado!
    Un beso...y por favor, no me organices ninguna fiesta sorpresa, jajajaja!

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  2. Me paso por tu casa para desearte unas felices fiestas.
    Un abrazo navideño

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  3. HOLA CIELO SE TE ECHA DE MENOS BUENO ESPERO ESTES BIEN FELIZ NAVIDAD BESITO SGAVIOTA

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  4. Mercedes: gracias por tu comentario.
    Vaaale, no organizaré ninguna fiesta de cumpleaños para ti... no que tu sepas, por que será una sorpresa!
    :)

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  5. Samuel querido: siempre es un gusto saber de ti, gracias y felices fiesta para ti también, te devuelvo el abrazo.

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  6. Hola querida Gaviota: ¡Un abrazo grande! Deseo para ti todo lo que te haga feliz
    Mi cariño de siempre
    Ro

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  7. HOLA ROCIO: AH MENUDA SORPRESA, JAJAJA ,ESTUVO DE LUJO LA LECTURA, POBRE CHAVA LO QUE ES EL PODER DE LA MENTE, PRIMERO TE DESCONECTA DE ESTA VIDA ANTES QUE CORROBORAR TODO LO QUE YA SE IMAGINO, RECIBE UN GRAN ABRAZO ROCIO Y YA SABES, SOY LECTOR DE TU BLOG, CADA QUE PUEDO PASO A LEER, GRACIAS

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  8. Saludos Juan Carlos: gracias por tus visitas y que bueno que disfrutes de la lectura de los post.
    ¿cuando vienes a Acapulco?
    Abrazos

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Bruja Curandera

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"Aún una vida feliz no es factible sin una medida de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido si no estuviera balanceada con la tristeza. Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad"

〜※Carl Jung※〜