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Personales, Antología, Notas de mi Taller de Narrativa



El día en que cumplió setenta y cinco años decidió sentarse a esperar la muerte. No pensar; no vivir apenas; sin un futuro que planear; convertir el resto de su vida en un paréntesis sin tiempo desde cuyo interior vería pasar los días solitarios, los años que pudieran quedarle, a la espera del momento en que su corazón se detuviese para siempre. "Y luego nada más... Sólo esperar y nada más..."
En un gesto mecánico y monótono, sin emoción alguna, igual que su mirada y cada uno de sus movimientos, destruyó todos los relojes de la casa para que así, al verse de algún modo privada del tiempo, sin poder contar los días ni los meses, la muerte viniera a aliviarla más deprisa.
Y en ese transcurrir imposible y derrotado en que transformó su vida, la despertaron una madrugada los maullidos de un gato que, probablemente en su vagabundeo por los tejados, había ido a parar a su terraza. Cuando ella salió, el pequeño animal de color atigrado y ojos amarillos, se acercó, hambriento, hacia ella y la miró implorante. Recordó que tenía en la nevera casi todo el plato de pescado que, tras prepararlo para el almuerzo del día anterior, había sido incapaz de comerse. Todo importaba demasiado poco y los alimentos le resultaban insípidos; el comer se vuelve un sinsentido cuando se está huyendo de la vida. Dejó que el inesperado visitante diese cuenta del pescado y, mientras el animal devoraba con avidez el alimento, observó que llevaba lo que parecía ser un trozo de papel doblado alrededor del collar.
Es posible que hace muchos años, cuando la curiosidad formaba aún parte de ella y el hastío no se había apoderado tan implacablemente de su alma, hubiese corrido a hacerse con aquel papel. Pero en esa ocasión tuvo que ser el gato el que, al rascarse el cuello con su pata trasera, dejase caer el papel justo a sus pies. Al leerlo descubrió que se trataba de la carta de un niño de doce años. "Tengo miedo", decía, "la vida es demasiado difícil. Me gustaría dormirme y no despertar jamás". Luego hablaba de sí mismo, de su tristeza, de la falta de ilusión y de alicientes. Ella sintió erizarse el vello de su cuerpo al verse reflejada en las palabras de alguien cuya vida acababa de empezar; tan lejos de ella, tan distante en todo y, al mismo tiempo, tan similar y tan cercano en esos sentimientos compartidos.
Arrancando una hoja de su bloc de notas escribió unas palabras de consuelo. "Soy yo", decía en los últimos renglones, "que soy ya demasiado vieja, quien está esperando y deseando la muerte". Tras enredar el papel en el collar del gato y ayudarlo a salir de la terraza mediante una escalera de mano por la que el animal trepó hacia el tejado, volvió de nuevo a su monótona vida sin tiempo.
Pero a partir de ese momento algo cambió en su vida; en ella. El gato regresaba periódicamente con una nueva carta a la que ella respondía mientras iba creciendo en su interior algo parecido al entusiasmo. Empezó a esperar ansiosa al mensajero felino, a conocer a ese niño entre sus líneas, su caligrafía desgarbada, sus faltas de ortografía, y ambos se fueron desvelando el uno al otro sus respectivos mundo solitarios, encontrándose en los ojos del gato, intentando infundir un poco de esperanza en la vida del receptor de sus mensajes. La voz tímida de un niño en un papel, la voz dulcificada de una anciana que le habla de su pasado y le cuenta cómo sacó fuerzas de la desesperación cuando una inundación arrasó su casa; cuando vio morir, con los años, a muchos de los que amaba; cuando el dinero no era nunca suficiente y empezó a temer al hambre. Después, recuperar un reloj; aprobar un examen; leer un libro; empezar a ahorrar dinero para esos patines que tanto deseó un día; escribir en un cuaderno los momentos felices del pasado. Cada uno impulsaba al otro a dar pequeños pasos hacia la vida. Más tarde, el gran reto: llamar a esa hija con la que perdió contacto hace tanto tiempo, manteniéndola el orgullo en la distancia. Ya apenas recordaba el motivo; apenas importaba; pensaba que era demasiado tarde, demasiado absurdo. Y, sobre todo, el temor a la negativa, el miedo al rechazo. Después, una insistencia terca que lleva a un pacto: "si la llamo tendrás que perderle el miedo al agua y aprender a nadar". Un triunfo compartido; una sonrisa sentida en la distancia; una alegría transformada en palabras. "He aprendido a nadar y, aunque no soy muy bueno en eso, sí que soy el más rápido de los patinadores. He conocido a unos chicos a los que les gusta hacer carreras". Una petición entusiasmada de alguien a quien no veía desde hacía mucho tiempo. "Mi hija quiere que pase el verano en su casa". Pequeños pasos hacia la vida. A veces grandes pasos. Entre cada carta, cada maullido del gato, cada logro aplaudido por el otro; hasta que, casi sin darse cuenta, la vida logró atraparlos por completo.
Fuente: Web de psicología y medicina
Enlace: "Erotismo literario en la antigüedad"
Heródoto, padre de la historia, escribió hace 2500 años el primer texto sobre el gato, asombrado de ese animal que en tan gran número habitaba y era objeto de culto en el Antiguo Egipto. Pero es a los fenicios a quienes debemos la introducción del gato en el Mediterráneo, cuando lo vendían como un tesoro a griegos y romanos. Los gatos acompañan al hombre desde entonces a través de historias, poesías, novelas y cuentos inspirados en los misterios de un animal vinculado a la magia, la fantasía y el esoterismo.Dioses o demonios, el gato ha tenido una importante influencia en grandes escritores de todos los tiempos. El texto más conocido y que forma parte de la infancia de millones de niños en todo el mundo es “El gato con botas”, de Charles Perrault, basado en relatos del siglo XVI de escritores venecianos y napolitanos. Ese gato caza ratones era imprescindible en la Europa asolada por las ratas y la peste, como fue ineludible compañía de pícaros y pilluelos en el Siglo de Oro español y, más tarde, en las calles donde vagabundeaba “Oliver Twist”, el más famosos personaje de Charles Dickens.
Vinculado a magos y brujas y habitante de arcanos lugares, su independencia y misterio dio lugar a algun
os de los mejores cuentos de terror, como “El gato negro”, de Edgar Allan Poe, y “Los gatos de Ulthar”, de Howard Phillips Lovecraft. En la actualidad, también ha sido protagonista de obras de Stephen King y Clive Barker.
Rudyard Kipling, que dio voz a tantos animales en” El libro de la selva”, escribió un cuento hermoso y descriptivo llamado “El gato que andaba solo”. Y quién no recuerda a los compañeros de Alicia en su viaje al “País de las Maravillas”, de Lewis Carroll, que además escribió otros relatos como “El gato de Cheshire”.
En Francia, Charles Baudelaire, padre de la poesía moderna, se inspiró en los animalillos que dormían entre sus papeles. Jaques Prevert y, sobre todo, Colette también escribieron deliciosos textos sobre ellos.
En nuestra literatura cercana en tiempo y
espacio, García Lorca y su “Canción novísima de los gatos”, Terenci Moix, Jorge Luís Borges u Osvaldo Soriano son algunos de los autores que dieron al arrogante felino carácter de actor principal de sus obras y de sus vidas. Y en el terreno infantil, Gloria Fuertes y María E. Walsh acercaron a los niños esos gatos divertidos y musicales, reyes de la casa y de reinos fabulosos. También hay periodistas escritores, como Francisco Umbral y Antonio Burgos, que siguen llenando sus crónicas y sus columnas de gatos caseros, caprichosos, independientes y compañeros.
l gran poeta chileno Pablo Neruda el que mejor resume esta literaria vinculación de siglos en su “Oda al gato”, incluida en su más célebre obra, “20 poemas de amor y una canción desesperada”.
filósofos y escritores.
Mujeres. Sólo mujeres en busca de si mismas, Mujeres en una lucha despiadada contra un pasado que históricamente les ha negado la posibilidad de decir YO Soy…Carlos Payán Velver
Político y periodista mexicano.
Enlace: Contundente y cierto, breve mensaje de Rudyard Kipling
La Inteligencia Femenina es como la espada de un samurai
"... mientras que la del hombre parece una máquina de moler carne..."
La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
YO AHORA SOBREPASO MI TRADICION FINANCIERA FAMILIAR. Yo honro las raíces de mi familia. Yo reconozco la lucha y el sacrificio de mis padres y sus padres. En agradecimiento a todo lo que se me ha dado, yo ahora doy un salto a territorio desconocido. Yo exploro un nuevo mar de prosperidad. A partir de los logros de mi familia, supero su historia financiera y abrazo el éxito ilimitado. Gracias, Dios"
✬Bob Mandel✬
Mantra
El uso del sonido nos lleva a un espectacular incremento de nuestra conciencia y de la habilidad de dirigir nuestras acciones, seleccionar nuestros estados anímicos y sanarnos a nosotros mismos.
Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé; sus nombres son cómo, cuándo, dónde, qué, quién y por qué. Rudyard Kipling
"Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian".
✿ Vicenzo Gioberti ✿
A todos los que me han amado y odiado. Sin ellos no hubiera podido comprender ninguno de estos dos grandes sentimientos que tanto me han hecho creecer en cuerpo y alma. sentimientos que tanto me han
Hermano Francisco
“La ciudad de los gatos y la ciudad de los hombres existen una dentro de otra, pero no son la misma ciudad.”
Italo Calvino
Que todos los seres sean felices,
que todos los seres sean dichosos,
que todos los seres sean en paz
Mantenerme alejada me hizo darme cuenta que necesitaba tener control de mi vida, necesitaba hacer cambios...
cambios permanentes.
..........."¡No mintáis, y no practiquéis lo que odiáis!, porque todo se revela delante del rostro del Cielo. Pues no hay nada escondido que no será revelado, y no hay nada oculto que quedará sin ser descubierto."
La sacudida desprendió al viento mis flores,
quedando solo el suspiro, extendí mis vacías corolas y
me adorné de rocío.

Ro
De mí, para mí
Por muy oscuro que esté, tengo la certeza de que volverá a brillar la luz.
Acepto lo que no puedo cambiar. Ya se trate de mí mismo, de otras personas o de las circunstancias, sé que necesito armarme de paciencia. La situación puede prolongarse.
La solución que yo adopte no tiene que ser la tuya. Elijo la que me libera de mis propias expectativas y de las expectativas de los demás, de todas las ideas preconcebidas acerca de cómo deberían ser idealmente las cosas.
Me permito sentir ira y tristeza o tener miedo. Pero no estoy a merced de mis sentimientos. Les doy espacio y decido cuándo es hora de pasar a otros pensamientos y cambiar el estado de ánimo.
Asumo la responsabilidad sobre mí mismo. Nadie más determina qué es lo que yo pienso, siento y hago. Soy yo quien configura mi propia vida.
No estoy solo. Si no me obstino en esperar o en estar dispuesto a recibir ayuda de ciertas personas, permanezco abierto a ofertas inapropiadas. Poder introducir una diferencia positiva en la vida de otras personas me fortalece a mí mismo.
Sea cual sea lo que deje a mis espaldas y con independencia de lo importante que pueda ser, tengo un futuro para el que pueda prepararme interiormente. Mis expectativas determinan de algún modo lo que esté por venir.
Todo lo que he vivido es mi capital, le pertenece a mi persona y a mi vida, No repetiría voluntariamente todas las experiencias, pero tampoco quisiera prescindir de ellas, porque sin ellas yo sería otra persona. Lo que soy y la manera en que puedo cambiar está íntimamente relacionado con lo que fui (y con lo que fue).
M. Gruhl, “El arte de rehacerse: la resiliencia“